UN SÍMBOLO DE ECUATORIANIDAD

El Tiempo

15 de febrero de 2011

 

En medio del diario vivir, que ya cuesta esfuerzo; y en los actuales tiempos, las incertidumbres derivadas de la falta de seguridad de las personas, lo que se está volviendo ya en una triste y cuotidiana realidad, la preocupación por la falta de empleo, la agitación que causa la consulta popular, las denuncias de corrupción a los más altos niveles, como que se nos pasan por alto las cosas positivas, las buenas, aquellas de las que da gusto hablar y escribir.

 

Por eso, quiero dedicarle este comentario semanal, motivada por el reciente aniversario de su fallecimiento, a una de las glorias de la música ecuatoriana, tal vez la mas grande, la que mayor y permanente lustre le ha dado a la música nacional, a quien fuera denominado el "ruiseñor de América", al insigne Julio Jaramillo Laurido, de quien tanto se ha hablado, y de quien seguramente seguirán gustando las nuevas y futuras generaciones.

 

Julio Jaramillo, de vida aventurera, apasionado por la música, caminante de intensos recorridos por la geografía de los diversos países latinoamericanos, nos ha dejado entre sus múltiples legados, uno que quiero destacar, se trata de un legítimo orgullo por el ser ecuatoriano.

 

A pesar de los años transcurridos desde su desaparición, a Julio Jaramillo se lo sigue idolatrando, se lo valora incluso más ahora que no está, y no hay quien ser resista a acompañar a los músicos que interpretan sus canciones, o al cd que nos lo trae a la memoria, ya sea en piezas tan conocidas como Nuestro Juramento o los Cinco Centavitos.

Cuando hemos dicho que a los ecuatorianos nos hace falta signos identitarios, que nos unifiquen como pueblo, que nos hagan sentir orgullosos de un pasado y con deseos de enfrentar los retos que se nos presentan, vale la pena recordar que entre esos símbolos de ecuatorianidad, está el famoso J.J.

 

Un artista que ha sido también asumido como propio, por colombianos, venezolanos, dominicanos, peruanos, mexicanos, pero que es un producto genuinamente ecuatoriano, uno del que podemos y debemos sentirnos orgullosos.La historia de este artista nacional, lleno de avatares, dotado de un anecdotario increíble, es parte del ser ecuatoriano, y es por ello que vale la pena recordarlo con ese sentimiento de nostalgia pero también con el orgullo que sus logros artísticos le dieron a la patria, a mí me cabe el orgullo, de haber sido una de las gestoras de la declaratoria del primero de octubre de cada año, en su homenaje, como día nacional del pasillo.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO