EL LEGADO DE BENJAMÍN

La Hora

8 de febrero de 2012

Es generalmente grato hablar o escribir sobre temas culturales, lo hacemos con frecuencia en esta columna, pero el día de hoy este comentario está revestido de preocupación por la pretendida pérdida de la autonomía de una institución cultural que representa a los ecuatoriano; nos referimos a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, creada por el espíritu visionario del maestro Benjamín Carrión, quien vislumbró un extraordinario futuro para el país, basado en sus manifestaciones culturales.


La forma de concebir a la cultura, fue cristalizada en la creación de una institución autónoma, con núcleos en las diferentes provincias, cuya tarea sería la de grandes promotores y suscitadores de la actividad cultural, de la creación, la de facilitadores también, en sus diversos ámbitos de la difusión de la cultura ecuatoriana.
 
Décadas han pasado desde su creación en 1944, no libre de obstáculos ni de problemas, de altibajos, de coyunturas favorables y desfavorables, pero no se ha sentido cuestionada su autonomía, sino hasta los actuales momentos,  cuando se pretende ponerla bajo la directoría del Ministerio de Cultura.
 
Creo que la idea de Benjamín Carrión, desde sus inicios, apareció como un sueño, como una tremenda decisión, de envergadura que ha rebasado los límites nacionales, y que supo cristalizarla.

El legado de Benjamín Carrión está representado en la existencia autónoma de la Casa de la Cultura, que podría diluirse si no se mantiene y más bien se respalda y apuntala la decisión original.

Hay que pensar en lo que sintieron y percibieron los creadores de una institución como la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que precisamente recibe el nombre de su creador, para homenajearlo, para tenerlo siempre presente, sin distorsiones, pero al mismo tiempo en toda su dimensión y calidad.
 
Sugiero rever la situación y mantener a la Casa de la Cultura ecuatoriana autónoma, independiente, con su trabajo y sus iniciativas.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.