EL CASO EGIPCIO

El Tiempo

8 de febrero de 2011

 

Es evidente la concentración de la opinión pública mundial en relación con lo que pasa en Egipto: la rebelión de la ciudadanía contra un gobierno que ha durado demasiado tiempo; lo mismo ocurrió recientemente en Túnez y parecería que amenaza contagiarse a otros países de la región.

 

Aquel viejo adagio popular que dice que: "No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista", una vez más demuestra su verdad en la práctica. Por más seguros que se sientan los dictadores y por más que se revistan de los ropajes de la democracia, sus pueblos suelen identificarlos y finalmente consiguen que abandonen el  poder, al que alguna vez accedieron por la vía de las elecciones, pero que después mantuvieron a costa de los sacrificios de ese mismo pueblo al que frecuentemente dicen defender.

 

El papel que juegan las nuevas tecnologías en los levantamientos populares, en las convocatorias para asistir a los sitios de concentración, son también algo digno de relievarse, así como el empeño que tienen varios de los representantes de los poderes públicos en controlar los medios de comunicación, sean tradicionales o marchen en vanguardia. Ese parecería que es uno de los denominadores comunes de los gobiernos autoritarios, sean de derecha o de izquierda.

 

El caso egipcio, sin lugar a dudas va a continuar llenando de páginas los diarios, y veremos y oiremos las imágenes que desde tan lejanos lugares llegan con una velocidad que permite ver en seguida lo que ocurre en otras latitudes.

 

Pero una cosa que también habrá que observar, es el juego de los nuevos actores políticos que ya empiezan a visibilizarse, nos referimos al líder histórico y premio Nóbel de la paz ElBaradei por un lado, y por otro la Hermandad Musulmana, conocida por su fanatismo, lo que acarrearía un futuro bastante doloroso para el país, sobre todo para quienes no están de acuerdo con la aplicación de la ley de la Sharia, completamente discriminatoria para las mujeres y que significaría un vuelco atrás de una sociedad como la egipcia que hizo gala de modernidad.

 

Por todo ello, la temática egipcia seguirá conscitando nuestra atención. Ojalá no tengamos a futuro que lamentar gobiernos más despóticos que aquel que se está  tratando de terminar, y que con justicia su pueblo combate. Ya se han dado casos similares en otros países en los que gobiernos de fundamentalistas religiosos conducen a más enfrentamientos, intolerancias, discriminaciones, dolor y muerte.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO