VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

El Tiempo

25 de noviembre de 2014

 

Ha avanzado el mundo? Los innegables pasos que ha dado la humanidad en temas de ciencia, de tecnología, de innovación, han hecho que la calidad de vida, las relaciones interpersonales, mejoren de manera sustancial? La respuesta parecería ser NO, un no rotundo, frente a las informaciones que recibimos tan solo en los últimos días, respecto a cómo se trata a la mujer en las diferentes latitudes.
 
El asesinado de la Miss Honduras y de su hermana, ha destapado la realidad de múltiples femicidios, de maltratos a la mujer de una manera casi cuotidiana en ese hermano país centroamericano. Este hecho sangriento pone de relieve una durísima y aguda problemática social.
 
Pero vayamos un poco más lejos, a lo que la secta terrorista islámica Boko Haram ha hecho con las niñas secuestradas y cuyo fin se desconoce, tan solo por la absurda, anacrónica y espantosa decisión de que las mujeres no deben estudiar; ya la reciente premio Nobel de la Paz, la singular Malala, lo sufrió en carne propia cuando fue agredida y herida de manera salvaje, lo que, de otra manera, la catapultó a la luz pública y puso otra vez en evidencia el problema de las mujeres en el Islam.
 
En Irán, el "delito" de asistir a un juego de voelibol  a puesto en aprietos a la joven británica Ghoncheh Ghavami, a quien ahora se intenta acusar de espionaje, cuando lo único que ha hecho esta mujer valiente es  demostrar que las mujeres pueden asistir a eventos deportivos, tal como se lo hace en cualquier país libre del mundo. Otra vez es el fundamentalismo islámico el que se pone en evidencia, con sus caducas concepciones respecto de lo que la mujer debe o no hacer.
 
El mezclar religión y estado siempre ha sido siempre peligroso, pero creíamos que en este siglo, el de los mayores avances científicos, aquel en el que la comunicación es la clave, en el que cada día se ponen a funcionar nuevos descubrimientos e inventos, el tema de las libertades, el de los derechos de la mujer, debía ser ya uno que esté superado, que ni siquiera se cuestione, que se apliquen leyes equitativas y que no se siga esgrimiendo la religión, la costumbre, como aquellos relevantes en relación al ejercicio de las libertades y de los derechos humanos.
 
No podemos dejar de levantar nuestra voz de protesta por todo lo que está ocurriendo, ni tampoco dejar que la inseguridad acose a niñas y a mujeres, tratadas como mercancía, como objetos secundarios en medio de sociedades que no han evolucionado y que se han quedado detenidas en el tiempo.

 

 

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.