¿CUÁL ES PEOR?

El Tiempo

21 de octubre de 2014

 

Si describimos lo que ocurre en la actualidad, parece que no distamos mucho de la Edad Media, de la que se dijo fue una época obscura de la historia de la humanidad.
 
El mundo, para muchos no de forma tan clara, se debate entre peligros, entre situaciones que creíamos superadas hace tiempo, por un lado una especie de peste de los tiempos actuales, el famoso mal de Ébola, conocido así por la ubicación geográfica donde se detectan los primeros casos, un mortífero virus, agresivo, que ha saltado ya los continentes, pero que sobre todo tiene acosada a la ya empobrecida y complejizada África, con muertes cuantiosas, con la angustia de que no se tiene una vacuna y que los remedios son meros paliativos, que en la mayor parte de los casos no sirven sino para dilatar por unos días el desenlace fatal.
 
Por otro lado, el terror de grupos que raptan y violan a niñas, que masacran poblaciones enteras y obligan a otras a exiliarse, a huir de sus casas, a dejarlo todo, a emigrar para salvar la vida, sabiendo que la precariedad de los refugios a los que llegan, muy pronto pueden ser también descubiertos por quienes los persiguen, la vulnerabilidad de miles de miles de personas, frente al ataque de fanáticos que se creen dueños de la verdad, poseedores del encargo de un Dios que exige sangre, rendición, sometimiento total a sus designios, un grupo conocido internacionalmente como ISIS,  y que aparece ya como uno de los más sangrientos de toda la historia de la humanidad.
 
Es decir, la peste, la guerra, el fanatismo, hacen que la humanidad entera retroceda a esas épocas obscuras de las guerras de religiones y a la impotencia frente a las enfermedades, que ocasionaron desolación, muerte, exterminio.
 
Somos siempre entusiastas respecto de la capacidad de raciocinio de los seres humanos, así como del avance de la ciencia, de lo que la innovación, las tecnologías están consiguiendo y que nos elevan en conjunto como pobladores de la tierra, hacia estadios superiores, pero por supuesto que no podemos dejar de preocuparnos frente a estas modernas-antiguas plagas que están acosando a las poblaciones más desprotegidas. Porque tenemos que coincidir en que son generalmente los más pobres quienes más sufren, quienes son atacados y están más indefensos frente a estas circunstancias y situaciones.
 
Esta versión de lo que es estar entre "la espada y la pared", enfrenta a los miedos atávicos, pero también nos compele a no dejarnos aterrorizar ni a permanecer inermes, sino a apelar a la razón, al sentido común y, por supuesto, a la ciencia en la búsqueda de respuestas y soluciones.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.