DURÓ MUCHO TIEMPO...

La Hora

13 de octubre de 2014

 

Hace 25 años se produjo algo que ya se veía venir en los días anteriores, la caída del Muro de Berlín, esa oprobiosa muralla que fue erigida por los soviéticos para dividir una misma ciudad, la ciudad de Berlín, que vio así como se separaban familias, como los barrios y los amigos quedaban divididos, para evitar el tránsito entre los habitantes de la ciudad, para evitar el éxodo de los ciudadanos del Berlín Oriental al Occidental, luego de concluida la Segunda Guerra Mundial, que dejó tanto dolor, tantas secuelas, tantas muertes y el Holocausto.

 
La verdad es que se encoge el corazón cuando pensamos en lo que la gente tuvo que sufrir detrás de ese muro, tal como lo ha explicitado estos días la propia Canciller de Alemania, la señora Ángela Merkel, de quien tomo también prestado el título de este artículo, pues fue ella quien lo dijo hace muy pocos días, en las celebraciones por los 25 años de la caída del muro, que la dejó a ella y a su familia, detrás del mismo, por lo que también para la ahora poderosa mujer que dirige los destinos de su país unificado, la denominada locomotora europea, la celebración tiene un tinte personal muy particular.
 
Esta celebración sirve como recordatorio, por ello han menudeado los escritos y los discursos, pero también la salida de la gente a las calles para hacer el recorrido por el muro, para depositar rosas en los intersticios de lo que aún queda levantado y para reafirmar su fe en la libertad.
 
También ahora, cuando se habla de una reactivación de la guerra fría, cuando vientos de opresión y de falta de libertad circulan en diversos lugares del planeta, cuando las guerras aún se mantienen y las intolerancias están a flor de piel, vale la pena reflexionar y repensar en el simbolismo que tuvo ese derrumbe, cuando cientos y miles de personas de los dos lados, empezaron a tumbar el muro con azadas y picos, pero también con pequeños instrumentos, tratando de poner su esfuerzo en conjunto para la caída de ese muro que significaba tantas cosas negativas en las vidas de las personas.
 
Como humanidad debemos conservar la memoria colectiva de los pueblos, para no repetir los errores y no caer otra vez en la tentación de levantar muros que separen a pueblos y a hermanos.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.