América Latina está mirando y viviendo espectáculos a los que no estuvo acostumbrada, al menos no con la desfachatez con la que ahora se conocen o se avizoran ciertas situaciones, más bien pensábamos que esas formas de vivir y de derrochar alegremente los dineros públicos, era patrimonio de jerarcas de los países árabes, de lugares en los que todavía se estilan las monarquías hereditarias, o se conocían temas semejantes luego de la caída de los dictadores de Europa del Este, acostumbrados a manejar las finanzas públicas de una manera absolutamente arbitraria y sin controles. También nos enteramos de muchas andanzas hace muy poco, con la caída de gobernantes de países como Egipto, Libia, entre otros.

 

Pero ahora, y a manera de ejemplo pueden citarse un par de casos, en América Latina, empiezan a aparecer estos "nuevos ricos", personas que han hecho de la política su forma de vida y que no tienen empacho en demostrarle al mundo su poder, expresado también en la forma en que se dispendian los recursos que, en su mayor parte aparecen como parte de su patrimonio, durante o después del ejercicio del poder.

 

Hace unos pocos días, la prensa internacional trajo la noticia de los gastos de la mandataria argentina Cristina Fernández en Europa, con una cuenta impresionante, de miles de dólares en zapatos, así como la adquisición de un costoso reloj, se habla que rápidamente, entre zapatos y reloj se evaporaron algo así como 150.000 dólares.

 

También a través de los medios de comunicación, y a pretexto de un atraco que sufrió un blindado en Venezuela, nos enteramos de las cuentas del día a día del presidente venezolano Hugo Chávez; cuando vemos el detalle quedamos realmente abismados con la cantidad de dinero que invierte en zapatos, ropa, recepciones, elementos de aseo y cuidado personal; son decenas y hasta centenas de miles de dólares mensuales, los que se diluyen en el cuidado personal e imagen del gobernante.

 

La pregunta es: Caben este tipo de dispendios en países en los que las diferencias sociales no han disminuido sino que se han aguzado? Es lícito gastar todo ese dinero, que, aparentemente es dinero público, cuando hay mucha gente que no tiene satisfechas sus necesidades elementales?.

 

La verdad es que estas situaciones descritas ponen de relieve a donde llevan los autoritarismos, los riesgos de ejercer el poder absoluto, sin controles, sin rendición de cuentas real, mirando solamente lo que se quiere dejar mirar, sin profundizar en lo que realmente está ocurriendo con nuestras democracias de papel.

 

Sentimos que repugna la utilización de dineros públicos como dinero de bolsillo personal, más todavía cuando quienes lo hacen, se llenaron la boca diciendo que gobiernan en beneficio de los pobres.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

DINERO DE BOLSILLO...

La Hora

6 de octubre de 2011