DESPUÉS DEL TERREMOTO

La Hora

Abril-2016

 

El Terremoto del 16 de abril nos conmovió, inclusive a quienes estuvimos fuera del país, preocupados por la familia, por los amigos, por los conocidos, en fin, por todos los compatriotas manabitas y esmeraldeños que sufrieron el terror de un movimiento telúrico de gran envergadura, que vieron como las casas se caían, como los techos que los cubrían empezaban a transformarse en armas mortales si es que no salían a la carrera, así como sintieron la desaparición de los familiares y amigos queridos.

 

Frente a la tragedia, no se hizo esperar la solidaridad de los propios ecuatorianos, también de los países amigos y de la cooperación internacional, de quienes corrieron con vituallas, con medicinas, con ropas, para demostrar que la gente nos importa, que nos conmueve el dolor de los otros.

 

Pero luego, a pocos días de la tragedia, otra se abate sobre los ecuatorianos, sobre todos en su conjunto, se trata de las medidas económicas, algunas de ellas ya anunciadas antes aún del terremoto, y que pretendían cerrar la brecha económica en la que se debate el gobierno, causada por la baja de los precios del petróleo pero también por la falta de previsión y construcción de un fondo que permita enfrentar situaciones como la presente, así como también por el desmesurado crecimiento del aparato burocrático estatal.

 

Esa especie de tsunami económico, con medidas que afectarán la economía de todos, no es la mejor respuesta ante la crisis. Hay que mirar el ejemplo de qué se hizo en países vecinos como es el caso de Colombia, cuando se formó un Frente de Reconstrucción del Eje Cafetero, y de manera impecable se manejaron los recursos económicos, que indudablemente son necesarios, para sacar de la situación de postración en la que se encuentran nuestros hermanos de Manabí y Esmeraldas.

 

Ni la sombra de la duda puede darse sobre el manejo de los recursos destinados a socorrer a los damnificados y a reconstruir sus viviendas y la infraestructura física. Por ello, se hace imperativo el convocar a los mejores ecuatorianos para prestar su contingente en el manejo de los recursos y en la reconstrucción de la zona de desastre.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.