A pesar de que ya no deberíamos sorprendernos, lo seguimos haciendo, a la hora de hacer un balance entre el mundo de hoy y el de hace unos cuantos años.

 

Todos mirábamos con optimismo las posibilidades que abría el nuevo milenio, como que cambiando de era, íbamos a corregir de un solo plumazo los malos momentos, las malas vibras, como se dice ahora, y podíamos ufanarnos de que la ciencia estaba haciendo la vida diaria más fácil, más productiva.

 

Sin embargo, los Indignados de Europa, hacen tambalear gobiernos. La economía está empeñada en demostrar que hasta las leyes que se creían inmutables, cambian y que la solidez de algunos no ha sido mayor que la de un castillo de naipes construido en una superficie no plana.

 

Los últimos acontecimientos en Londres, con protestas encendidas, las noticias preocupantes desde el punto de vista financiero que llegan desde París, todo ello contribuye a afianzar las desconfianzas, y a demostrar como las recetas que se aplicaron, ya no funcionan más.

 

La debacle financiera del primer mundo, no significa que podemos alegrarnos porque no está ocurriendo en nuestros países. Las economías son tan interdependientes,  tan vulnerables, que acaban afectándose y el tan temido efecto dominó es el que predomina.

 

Frente a ello, las economías sudamericanas experimentan un pequeño respiro; la diversificación de la oferta exportable, a puesto énfasis en productos  que  antes eran totalmente tangenciales y que ahora aparecen con grandes perspectivas.

 

Cabe sin embargo reflexionar, que es menester un manejo prudente de la economía, si no queremos caer cuando caigan los precios del petróleo, cuando el endeudamiento haga crisis, cuando las remesas se reduzcan paulatinamente.

 

Ecuador ha tenido ya innúmeras crisis, no queremos acumular más.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

DE CRISIS EN CRISIS

La Hora

18 de agosto de 2011