Rosalía Arteaga  Serrano

 

Venezuela es cuna de libertadores, que aportó con sus héroes a la independencia americana. Venezuela a través de Bolívar lideró la creación de lo que ahora llamamos Organización de Estados Americanos. Venezuela ha sido solidaria y hermana para con los otros países de Latino América. ¿Por qué ahora la mayor parte de gobiernos permanecen impávidos frente a la dolorosa situación de este país? ¿Por qué los gobiernos que se dicen de izquierda son tan malos a la hora de analizar la situación de los derechos humanos que evidentemente son conculcados en la tierra de Sucre y Bolívar?

 

Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta lógica ni una coherencia con los postulados que tanto llenan la boca de ciertos líderes y por otro lado hace falta una mayor capacidad de liderazgo por parte de los gobiernos que no se alinean con el tan pregonado socialismo del siglo XXI.

 

Venezuela agoniza gracias a una crisis económica creada por un gobierno incapaz, es ya un lugar común hablar de las interminables filas para conseguir comida y medicamentos; las clínicas y hospitales se han vuelto inalcanzables para la mayoría del pueblo, la violencia se ha adueñado de calles y plazas  y son numerosos los jóvenes fallecidos y heridos en los enfrentamientos con las  fuerzas del chavismo, así como siguen engrosando las filas de detenidos los presos políticos.

 

¿Cuánto dolor más se requiere para que los gobiernos actúen? ¿Para que los  organismos internacionales procedan de manera eficiente? ¿Para qué se deje la retórica y se tomen las iniciativas?

 

La sufrida Venezuela, su pueblo, sus mujeres y sus hombres, sus niños y sus ancianos ya no pueden más. Ahora se anuncia el retiro de la OEA de la  Venezuela que la germinó. Los pasos que deben darse, es necesario que sean liderados por las Naciones Unidas, que no pueden ver impasibles la crisis venezolana, la muerte y agonía de su gente, la violación permanente de los derechos humanos.

 

 

 

¿Cuánto dolor más se necesita?