FRENTE A LA CRISIS ECONÓMICA VENEZOLANA

La Hora

19 de febrero de 2015

 

 

La crisis venezolana rebasa hasta la más desbordada imaginación, lo que hemos leído y visto en estos últimos tiempos indica que la inflación está descontrolada, que el desabastecimiento de los productos de primera necesidad ha llegado a los extremos, que la violencia sigue desatada y en ocasiones hasta alentada por los más altos niveles de gobierno.

En este comentario quiero centrarme en la crisis económica de Venezuela, país que otrora aparecía como una de las mecas de la inmigración latinoamericana, recordemos por ejemplo, el flujo de migrantes ecuatorianos que iban a buscar en ese país las oportunidades que no encontraban en el nuestro; así, emigraron hacia las diferentes ciudades venezolanas, médicos, dentistas, ingenieros, profesores universitarios, pero también lo hicieron campesinos, agricultores, mujeres que se colocaban como empleadas domésticas o para atención a adultos mayores, en fin, la gama de profesiones y ocupaciones era muy variada.

Qué ha pasado ahora?, cuando son los venezolanos quienes tienen que emigrar, y no porque en su territorio haya acaecido un excepcional fenómeno de la naturaleza o se haya desatado una guerra, sino por causa de autoridades que han llevado a un pueblo ilusionado, a un desenlace fatal, en un país que tiene recursos naturales abundantes, y no nos referimos únicamente al petróleo, sino a las posibilidades agrícolas, pecuarias, de producción en general y que ahora atraviesa por terribles carencias que causan angustia, desobligo, desesperanza.



Frente a esta situación económica desesperada qué hacen los organismos regionales, qué acciones toman los aparentemente tan solidarios gobernantes de los países del Alba, de Unasur, del Celac, de la Aladi, de la CAN? Tanto los viejos como los nuevos mecanismos de integración, están demostrando una falta de capacidad pavorosa.



Por un lado se habla de crear el banco del Sur, la moneda de la comunidad latinoamericana, se habla de activar una serie de estrategias para enfrentar a los otros bloques y países, sobre todo a los que con tanta facilidad se califica con colonialistas, pero cuando existe una realidad como la de un pueblo atemorizado, padeciendo una serie de situaciones límite, esas mismas declaraciones rimbombantes pierden peso y transforman a los mecanismos enunciados, como clubes de amigos que intentan sostenerse a como de lugar en sus puestos de privilegio.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.