Mayo 2016

Aunque muchos no quieran verlo, especialmente aquellos países que se dicen seguidores del Socialismo del Siglo XXI, implantado por Chávez hace más de una década, bajo la inspiración del alemán Dieterich, Venezuela se debate en medio de una crisis humanitaria.

 

Esta crisis se evidencia en las calles en donde la violencia campea, con una población atemorizada que prefiere guardarse en sus casas a tempranas horas, por miedo a que con las penumbras de la  noche sea más fácil ser atracados y no se produzca solo el robo sino también la muerte de las víctimas, como en tantos casos que se cuentan por las familias venezolanas.

 

Un país en donde la gente debe hacer colas para abastecerse de los elementos esenciales de la canasta básica de subsistencia: arroz, aceite, huevos, leche, pan, dónde el derecho a la medicina se aleja cada vez más de la realidad por la carencia de los medicamentos, por la desaparición de elementos necesarios como las gasas, las jeringuillas, los más simples analgésicos.

 

Venezuela está con racionamientos de luz y de agua, esta antigua potencia petrolera, que ha visto destruirse su empresa símbolo, la famosa Pdvesa, que anuncia con bombos y platillos que está criando vacas y sembrando en sus campus ají dulce y berenjena, y que está sometida a una millonaria inflación, clama a gritos por la solidaridad continental.

 

Pero esa solidaridad se le niega porque el caudillo y la clase gobernante logran mantener alianzas y complicidades  que bloquean la decisión de los organismos internacionales, cuyos representantes deben avergonzarse de la poca efectividad de estas instituciones que no actúan en épocas de crisis evidentes como las que vive este querido país.

 

Pero la hora va llegando en que Venezuela deba ser liberada, en que sus ciudadanos dejen de emigrar por miedo y por necesidad, la hora va llegando en que los pueblos no aguanten esa situación vergonzante y se pongan de pie, altivos, para exigir que la patria de los libertadores sea libre.
 

 

Crisis humanitaria