ROSALÍA ARTEAGA SERRANO

 

Parecería que muchos todavía no se dan cuenta del nivel de la crisis que vivimos y de lo catastrófico que se avecina si no se toman las medidas apropiadas y si no se articula un trabajo conjunto de todos los ecuatorianos para enfrentarla.

 

La crisis aparece con una cabeza bifurcada, es decir con una doble cabeza, por si no hemos reparado en ello.

 

Por un lado el tema de la seguridad en la frontera norte, que cada vez se empantana más si no tomamos medidas que van desde lo internacional para saber cómo trabajar la temática con el gobierno Colombiano, así como el buscar las alianzas más idóneas con los países que pueden prestar auxilio inmediato y experiencias, así como una adecuada política interna de inversión en la zona de frontera.

 

Por el otro lado, y tal vez con ribetes más acuciantes aún, aparece el fantasma de la quiebra del estado, que cada vez está más cercana y que se anuncia con el incremento de la puntuación del riesgo país y la no sustentabilidad del ritmo de crecimiento de la deuda externa, que hace rato sobrepasó los límites legales y recomendables para ponernos en una especie de tobogán suicida.

 

Ese nivel de endeudamiento nos pone en una situación de fragilidad, que no está siendo asumida responsablemente por el gobierno, no se hacen los recortes ni los correctivos a tiempo, el nivel de reacción es muy pobre y la escalada del deterioro de la economía nacional es pavorosa.

 

Hay un ejemplo que salta a la vista en el tema de cómo enfrentar la crisis y lo tenemos muy cerca de nosotros, aquí en nuestra América Latina, y es el caso del Paraguay que, a pesar de su condición de mediterraneidad, viene teniendo ritmos de crecimiento envidiables y ha demostrado que la baja de la carga impositiva y el estímulo a la inversión juegan a su favor y generan empleo y bienestar.

CRISIS DE CABEZA BIFURCADA