CÓMO NO HABLAR DE ÉL 

La Hora

1 de febrero de 2012

 

Estaba pensando en los regueros, en los ríos de tinta que han corrido durante estos días, para exaltar la figura de una de las mayores glorias de todos los tiempos para el pueblo ecuatoriano. Y estaba también meditando en lo fácil que es sumarse a la corriente, en hacer lo que todo el mundo hace, en imitar la moda; no soy amiga de seguir la corriente porque sí, de hacerlo simplemente porque la mayoría así lo dictamina.


También pensé que mis palabras siempre exaltaron a Alfaro, ese viejo luchador, idealista, valiente, mis palabras y mis acciones estuvieron acordes con su pensamiento, cuando hacerlo significaba valentía y hasta riesgo; por lo que también ahora debo hacerlo, tomando la figura de Eloy Alfaro en su real dimensión y sin que ese utilitarismo que prevalece, quiera verlo bajo una óptica que no es la que se compadece con la historia.

Eloy Alfaro realizó la revolución liberal en el Ecuador, una revolución que pregonaba la libre empresa, el libre comercio, la vigencia de las libertades que iban desde la capacidad de las mujeres para estudiar, para votar, para participar y obtener empleos públicos, hasta la apertura de mercados, la búsqueda de recursos para el progreso, la libertad de expresarse, de construir las frases sin necesidad de pensar si eso le iba o no a agradar a alguien.

La lucha por el laicismo, esto es la saludable separación de Estado e Iglesia, fue uno de sus grandes principios. Y las mujeres tenemos que agradecerle a Alfaro y a su revolución el reconocimiento de capacidades que antaño nos estuvieron negadas.
 
Nada tiene o tuvo que ver la revolución de Alfaro, una revolución liberal, con lo que ahora se pretende implantar en el país, bajo el influjo de la corriente chavista que viene desde otro país latinoamericano, y que está coartando libertades, dejando de lado una economía de mercado para volverla dependiente del estado; por ello sabemos que las similitudes con el pensamiento de Alfaro son forjadas y utilitarias y no apegadas a la verdad.

¡Nuestro homenaje a Alfaro en el centenario de su muerte! 

El pensamiento alfarista ha tinturado buena parte de lo que se ha hecho o se ha pretendido hacer en el Ecuador, pero en realidad los tiempos que vivimos muy difícilmente pueden llamarse alfaristas cuando los procesos son tan distintos y cuando la egregia figura del general habría mirado con desdén y con preocupación lo que en su nombre se pretende imponer.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.