Algunos podrán pensar que tal vez este título es exagerado, pero seguramente muchos me darán la razón, sobre todo cuando transitan por las calles de Quito y más si lo han hecho durante las últimas semanas.

 

Parecería ser que tras los días continuados de lluvias que se suscitaron hace algunas semanas, y que otra vez han vuelto a enseñorearse de la ciudad y la región, y a raíz también de los deslaves ocurrido en varias de las vías que conectar a Quito con el Sur del país, sea a través del Valle de los Chillos, sea atravezando el centro y sur de la ciudad, o tomando la vía que fue creada para aliviar a las otras dos, la Simón Bolívar, han llegado a una saturación tal, que con el más pequeño de los problemas, se ve que la impreparada ciudad entra en una especie de caos, que obliga a mucha gente a perder horas y horas al trasladarse en sus vehículos de un lado a otro de la ciudad.

 

Pues bien, las referidas lluvias y los deslaves, que dejaron fuera de servicio a la vía Simón Bolívar, pusieron al descubierto los grandes males de la ciudad, relacionados con el tránsito vehicular, que se ha visto severamente afectado, obligando a la gente a tratar de tomar vías alternativas, pero concentrando a la mayoría del transporte público y pesado a desplazarse por la mencionada arteria.

 

Si un viaje por la intervalles le tomaba entre cuarenta minutos y una hora, ahora el total serán de tres veces más, es decir que fácilmente se podrá emplear  tres horas para el mismo trayecto.

 

Ya casi no se puden programar visitas, al menos no como se lo hacía antes.  Ahora estamos a la expectativa de las lluvias, a los constantes embotellamientos de tráfico, al trayecto que hayamos escogido, pero también a la suerte, para llegar con el tiempo justo a la cita que habíamos concertado.

 

La realidad es que, según se preguntan muchos, si tal colapso y desorden se presentan con unas cuántas lluvias, qué ocurriría si hay una catástrofe mayor, si llega el anunciado terremoto, o si cualquier circunstancia nos hace estar en riesgo... Allí si, solo la protección divina parece que podría salvarnos.

 

La preocupación tiene fundamentos, lo que es preocupante para la vida diaria de la ciudad.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

COLAPSO EN QUITO

La Hora

20 de mayo de 2011