EL CIRCO

El Tiempo

2 de agosto de 2011

Cuando empezó el actual régimen, se puso mucho énfasis en decir que se dejaban atrás los vicios de la antigua partidocracia, que se harían transacciones limpias para demostrarle al país que la forma de hacer política había cambiado radicalmente.Muchos creyeron en la propuesta y se ilusionaron con dejar de ver esas penosas sesiones del entonces Congreso, ahora denominado Asamblea, en las que se asistiría al debate de altura en el que las ideas se harían presentes, en el que primaría el interés del país, y no la satisfacción de apetitos vanidosos de obtener dignidades y por lo tanto prebendas.

 

Qué equivocados estuvieron quienes así pensaron, la demostración mas clara está en lo vivido este fin de semana, en el que la Asamblea trataba de elegir a sus dignatarios, poniéndose en evidencia que en el tira y afloja se dejaron de lado los principios y primaron ofrecimientos y tráfico de votos, hasta llegar a la pírrica victoria de quien ha decidido continuar con una obsecuente tarea frente al ejecutivo.

 

Así las cosas, tenemos que, como decía la canción: Al final, la vida sigue igual... ..volvemos a la tesis del conde Gatopardo de cambiar algo para que todo siga de la misma manera, es decir un legislativo obediente, haciendo lo que quiere el ejecutivo, dejando de lado un principio fundamental de la democracia, como es la división de poderes.

 

La bochornosa e incomprensible decisión, tomada a última hora, por algunos asambleístas, quienes con sus abstenciones y votos en blanco hicieron posible el mantener al presidente de la Asamblea en su puesto, así como las confusiones a la hora de elegir vicepresidentes, nos confirman en esa mala impresión que tenemos muchos de los ecuatorianos respecto de la actuación de ese poder del estado, es decir del legislativo.

 

Cómo podemos confiar entonces en una función de legislación, de fiscalización, que está supeditada a los dictámenes de una mayoría conseguida de manera poco clara? Cómo podemos los ecuatorianos estar tranquilos con un legislatura que tiene procedimientos que serían criticados inclusive al momento de la elección  de un club de barrio? Es esa la clase de democracia que queremos? Bien vale reflexionar sobre ello, y exigir cuentas y rectificaciones.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO