¿CIERRE DE INSTITUCIONES PRIVADAS?

La Hora

5 de septiembre de 2012

El inicio de clases tiene siempre un gran componente de expectativas en los diversos sectores involucrados: los estudiantes que miran ante sí un año en el que aprenderán cosas nuevas, se reencontrarán con los amigos, serán promovidos e irán culminando etapas; los padres de familia a su vez, sienten que el tiempo pasa y sus retoños van creciendo y a veces independizándose de la exclusiva tutela materna y paterna; los maestros, luego de un merecido tiempo de vacaciones, saben que tendrán ante sí a nuevos grupos de estudiantes, diferentes retos que asumir, necesidad de continuar en continuas capacitaciones. 

 

Hasta las ciudades sienten el impacto del regreso a clases con las mayores congestiones de tránsito en las horas de ingreso y salida de los estudiantes, y también algunos grupos empresariales que proveen de insumos a este importante sector de la sociedad. Pero, en los tiempos actuales, al natural estrés y tensión que acompaña al ingreso a clases, hay que sumarle toda la incertidumbre y hasta angustias que se han generado por las diversas disposiciones ministeriales, unas que tienen que ver con la zonificación, lo que ha implicado que muchos padres y estudiantes se sientan insatisfechos por las instituciones a las que han sido asignados, y también por la frustración de no poder acceder a los establecimientos en los que anhelaban estudiar.

 

Hay también dudas respecto a la forma de funcionar con el bachillerato general unificado, a la división del año lectivo en quimestres, a la nueva forma de calificar la disciplina y las diferentes asignaturas. En fin, parece que, en el borra y va de nuevo en el que se debate nuestra educación, quienes suelen salir más perjudicados, son los alumnos. Pero hay también una noticia que la escuchamos de los labios de la propia Ministra de Educación, y es que manifestó que, efectivamente al haberse cerrado alrededor de cincuenta instituciones educativas privadas, había que proveer de cupos a los estudiantes en otros establecimientos. 

 

¿Qué es lo que está pasando?. ¿Por qué se cierran escuelas y colegios privados? Hay una directa o indirecta decisión de acabar con la educación particular, que, en su mayor parte, le ha brindado servicios al país? Se pretenderá estandarizar la educación para abajo? Qué pasa con los profesores de esos centros educativos que se quedan sin trabajo? Puede y debe el aparato estatal asumir todos los roles y convertirse en el empleador universal? Dejo estas preguntas e inquietudes planteadas; para mí, las respuestas son preocupantes y tienen que ver con una visión del estado centralizadora, absorvente, sin dejar espacios para la iniciativa privada, como en los viejos tiempos del estalinismo, del que tanto trabajo les ha costado retornar a muchas sociedades y países.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.