La muerte de Carlitos Mora, uno de los infectados por el virus del VIH por incuria médica, al realizarse tratamiento de diálisis en un hospital, pone sobre el tapete de la discusión, nuevamente, el tema de la salud en nuestro país.

 

Por supuesto que este caso en particular y muchos otros que podríamos registrar, no son imputables a las actuales autoridades del ministerio de salud, pero también es evidente, que, un gobierno que ha cumplido ya cuatro años en el ejercicio del poder, que tiene otros dos por delante, y que pretende entronizarse por otros cuatro más, que ha tenido más recursos económicos que ningún otro  a lo largo de la historia, que ha evolucionado hacia una concentración de poder casi absoluta, podía ofrecer un panorama mucho más eficiente en la administración de la salud y por lo tanto en los indicadores de salud en el país.

 

No vamos a referirnos en esta oportunidad al tema de los neonatos muertos en las casas de salud pública, a la calamitosa situación de los hospitales públicos, a la decisión del IESS de saturar los hospitales privados, a la de comprar clínicas privadas en lugar de volver más eficientes las propias, dotándoles de equipos modernos, adecentando los sitios de cuidados intensivos, mejorando la calidad de atención hospitalaria en suma.

 

No, a lo que queremos referirnos ahora, cuando mencionamos el fallecimiento de Carlitos Mora, un verdadero símbolo en la lucha contra una terrible y destructora enfermedad, pero sobre todo contra la incuria de un estado que no puede proteger a sus ciudadanos, es precisamente a la situación de indefensión que sufren las personas que han contraído, por diversas circunstancias el virus del VIH o del SIDA como más generalmente lo conocemos entre nosotros.

 

Es dramático escuchar los testimonios que aparecen de vez en vez a través de los medios de comunicación, de los pacientes de SIDA a quienes, a pesar de los ofrecimientos gubernamentales y de la normativa legal, no les entregan las medicinas, los famosos antiretrovirales que les son indispensables para seguir subsistiendo.

 

Qué está pasando con la provisión de medicamentos necesarios en la lucha contra el VIH? Porqué no llegan a tiempo a los centros de distribución? Porqué no son entregados a quienes los necesitan?. Estaremos esperando que ocurran situaciones lamentables como las que hoy mencionamos, para que se tomen las medidas necesarias?.

 

Paz en la tumba de Carlitos Mora, un joven valiente que supo conmovernos con su ejemplo de entereza ante una dura enfermedad y que demostró el cómo se enfrenta la adversidad con dignidad, con arrojo, transformándose en un paradigma que difícilmente se borrará de la memoria de los ecuatorianos.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

CARLITOS MORA: EL SÍMBOLO

La Hora

14 de julio de 2011