EL CAMINO DE SANTIAGO

La Hora

15 de mayo de 2014

 

En varias oportunidades había escuchado hablar a gente que retornaba entusiasmada luego de una experiencia inolvidable de hacer toda o una parte del denominado Camino de Santiago, la famosa ruta que surge en torno a la veneración de la tumba de Santiago el Mayor, discípulo de Cristo, quien, según la tradición, realiza la evangelización de buena parte de lo que hoy es España.
 
La ciudad de Compostela (Campo de Estrellas), conocida como Santiago de Compostela, se transforma en la meta del peregrinaje, y su famosa Catedral, en donde se guarda la tumba del santo, así como una venerada efigie, son la meta de todos quienes emprenden el camino, o los caminos, porque son varias las rutas que, partiendo de toda Europa, confluyen hacia este único destino.
 
Confieso que tenía mis dudas sobre si yo tenía la fortaleza física para llegar a la meta propuesta, atendiendo a la invitación realizada por una querida amiga, de hacer los últimos cien kilómetros a pié, en jornadas de alrededor de 20 kilómetros diarios, en esta peregrinación que saliendo de Sarria, como parte del camino denominado como francés, nos llevaría a Santiago de Compostela.
 
Dice la conseja popular, que: "...se hace camino al andar..." y así lo hicimos. El Camino de Santiago constituye una gran experiencia espiritual, queda tiempo para la reflexión, para una especie de consonancia mágica con la naturaleza, para el conocimiento de otras gentes, que, con diversas motivaciones, emprenden el camino.
 
En este camino que lo realizamos durante la semana pasada, encontramos gentes de las más diversas nacionalidades, algunos reincidentes, es decir personas que habían realizado esta ruta u otras en más de una oportunidad; otras que habían salido de sus países meses atrás, y tenían tiempos caminando; otros habían dividido el camino en etapas que las hacían año tras año.
 
La verdad es que me di cuenta que no importa la edad para aventurarse a recorrer el Camino de Santiago, cada uno lo hace a su manera y se despierta una gran solidaridad entre los caminantes.
 
Puede uno agotarse físicamente, como me sucedió a mí en alguno de los trayectos, pero le queda una satisfacción personal muy grande de haber superado los retos, de haberse impuesto a uno mismo para llegar a la meta.
 
Cuando se divisa la Catedral desde lejos, se siente una emoción especial, y más cuando se entra en la famosa Plaza do Obradoiro y, no importa la hora de llegada, se ven arribar cientos, miles de peregrinos desde todos los confines, todos subyugados por el momento que se vive.
 
He realizado el Camino de Santiago, la experiencia me ha proporcionado una gran paz espiritual y la sensación de que con esfuerzos sostenidos, se llega a la meta. 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.