Emulando la pregunta del célebre escritor inglés, tratamos de comprender la última decisión del gobernante, cuando anuncia la medida de prohibición de venta de calefones de gas como una decisión que ayudaría a ahorrar este combustible subsidiado.

 

El desconocimiento de la realidad ecuatoriana, parecería el que guía esta propuesta, ya que en primer lugar, según encuestas y análisis no sería ni un 8 por ciento el porcentaje del consumo del gas el que se destina al uso de calefones de gas, lo que implicaría que el ahorro no es sustancial.

 

Por otro lado, al cambiarse este tipo de calefones, se estaría impulsando la instalación de calefones o calentadores de agua eléctricos, lo que indudablemente va a redundar en el bolsillo de los ecuatorianos, ya que todavía no son generalizadas otras formas de generación de energía alternativa, como la solar, que indudablemente sería de desear, pero para lo que debe primar una gran inversión del estado y un cambio de matriz energética, transformación que no puede hacerse de un momento para otro.

 

Lo inconsulto de la medida, sale a relucir, y ya se escuchan las quejas de la gente del pueblo a quien dice servir el gobierno, cuando se preguntan cómo calentar el agua, especialmente en días tan fríos como los que sufrimos en la serranía ecuatoriana, cómo bañarse sin contar con los calefones de gas?, sobre todo entre los sectores populares que van a sentir afectada su economía.

 

Por otro lado, recordemos que nada más hace unos meses, se nos instaba a los ecuatorianos, a bajar el consumo eléctrico, a disminuir nuestra planilla de consumo, consejo que ahora parecería se deja totalmente atrás, con esta otra medida que hasta hace que la reconocida sal quiteña salga a la luz, reconociendo un regionalismo exacerbado que iría en contra de los hábitos de limpieza del pueblo de la sierra ecuatoriana: bañarse o no bañarse, he ahí el dilema!.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

BAÑARSE O NO BAÑARSE.....

La Hora

3 de marzo de 2011