ANTE LA INMINENCIA DE LAS ELECCIONES

La Hora

17 de enero de 2013

 

Estamos entrando en la recta final de la contienda electoral para la elección de las máximas autoridades del país: Presidente y Vicepresidente de la República, así como Asambleístas.

 

Es una contienda en la que la lucha es desigual para los candidatos, primero porque al existir un candidato-presidente, la fuerza de la maquinaria estatal, máxime ahora cuando el Gobierno cuenta con medios de comunicación propios, lo que marca una gran diferencia con tiempos anteriores, decía, esa fuerza del Estado le beneficia a quien ostenta la Primera magistratura del país, por más que haya solicitado una licencia temporal.

 

La otra desigualdad viene dada en el tema de los Asambleístas por el método a aplicar para la asignación de escaños en la legislatura, cuando se ha anunciado ya que será el método que beneficie a los partidos o movimientos mayoritarios, dejando de lado a las minorías, situación que no se compadece con el verdadero ejercicio de los valores democráticos.

 

Estas particularidades del actual proceso electoral, se suman a la división que presentan los partidos de oposición que no supieron estructurar una candidatura única o al menos por tendencias, lo que habría marcado un equilibrio mayor en las elecciones de Febrero.

 

Por supuesto que la incógnita se despejará el día de las elecciones, que deben garantizar transparencia y permitir que la información con los datos obtenidos a boca de urna se conozcan, para tener información de primera mano, a más del anunciado "conteo rápido", que evite confusiones y permita que los ciudadanos, de manera inmediata tengamos una claridad respecto a los resultados electorales.

 

En todo caso, corresponde a los ciudadanos el escuchar las propuestas, valorar lo que ofrecen los candidatos, ver los beneficios que el país en su conjunto puede obtener de los triunfadores en la lid electoral, y también pensar en que el equilibrio, los balances entre los diferentes poderes del Estado, le reportan a la construcción de la fe pública  y a una mejor percepción del Estado.El balance de poderes, no necesariamente significa pugna, sino el ejercicio de controles, ejercer la capacidad de fiscalización, establecer responsabilidades, lo que desafortunadamente no se ha dado en los últimos tiempos.

 

Recordemos que vivir en democracia entraña el que exista, gracias a la división de poderes, un sistema de pesos y contrapesos, que constituye el legado de sabiduría en el manejo de la cosa pública que nos legaron quienes  construyeron la civilización Occidental.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.