AL ALCALDE DE CUENCA

El Tiempo

10 de junio de 2014

 

Voy de tiempo en tiempo a mi ciudad, porque hace más de veinte años, por esas cosas que tiene la vida, no vivo ya en Cuenca, la ciudad de los ríos, de las bellas cúpulas de iglesias, de la gente amable y emprendedora, que ahora es hogar para muchos que desde fuera quedan prendados de sus bellezas y de la calidad de vida que en ella se respira.
 
Pues bien, de un tiempo a esta parte, he visto, con preocupación, que algunas cosas que costaron mucho esfuerzo a autoridades anteriores, entre las que usted se cuenta,  y que se hicieron parte de la fisonomía de la ciudad, están dejando de cuidarse o de practicarse, por lo que, mediante el gentil espacio del que gozo en este diario, quisiera hacérselas evidentes.
 
Cuenca fue pionera, a comienzos de la década de los ochenta, en los que todavía ni se hablaba de la llamada contaminación visual, de aprobar una ordenanza mediante la cual, en beneficio de mantener de la mejor manera los espacios públicos, se organizaba el uso de la publicidad y se prohibían los letreros en bandera, que impiden la visión de esas bellas calles y edificaciones del centro histórico de la ciudad que es ahora no solo patrimonio del país sino de la humanidad. En los últimos tiempos, veo que otra vez los letreros empiezan a desordenarse y a atravesar los espacios de las veredas y calles.
 
Otro tema, relacionado así mismo con el ornato y funcionalidad de la ciudad, es el que tiene que ver con el tendido de cables. Hace mucho que en la ciudad se produjo el soterramiento de cables, dejando de lucir con la maraña de cables y de polvo en ellos acumulado, dejando de lado el peligro de que se enredaran en ellos los hilos de las cometas, evitando el riesgo de accidentes letales, y se podía ver las calles, sobre todo las del maravilloso centro histórico, limpias, sin obstáculos para la visión.
 
También he notado que el cuidado ha decaído y ya se ven por algunos lugares los mencionados cables atravesando las calles e incumpliendo los mandatos municipales.
 
Claro que hay otros temas, como las baldosas resbalosas que fueron colocadas en el parque Calderón, el que queda justo enfrente de la Catedral y de otras importantes edificaciones de la ciudad; no sé qué asesoramiento tuvieron las anteriores autoridades municipales para colocarlas, solo vemos que en las tardes de lluvia, hay quienes se distraen viendo como los transeúntes desprevenidos se resbalan y caen aparatosamente, con el riesgo que ello implica para su salud y su vida.
 
Estar ausente de mi cuidad, no me impide disfrutar de sus bellezas y preocuparme por su devenir.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.