Y AHORA CONTRA LOS ÁRBOLES

La Hora

11 de julio de 2012

El afán de modernizar, las ganas de hacer algo diferente, el prurito de destruir lo que los otros hacen; en fin, no se sabe qué estuvo detrás de la decisión municipal de tumbar los árboles de la avenida Naciones Unidas de la Ciudad de Quito.

 

De tiempo en tiempo se tienen que lamentar decisiones sin mucha meditación, que causan una pena grande no solo entre los ecologistas, entre los amantes de los árboles, de las plantas; sino también entre quienes se acostumbraron a verlos como parte del paisaje de la zona, de quienes crecieron junto con los árboles, ya que los contemplaron cuando pequeños y los fueron teniendo como compañeros a lo largo de buena parte de su vida.

 

En general la mayor parte de las ciudades ecuatorianas tienen escasez de espacios verdes, cada vez se van eliminando los pocos lugares en donde quedaban árboles y flores, especialmente en la ciudad de Quito, en donde por las demandas del tránsito, se suprimen redondeles, den donde crecen algunos arbustos y flores, para reemplazarlos por calles y avenidas.

 

El agravante de la acción tomada por instancias municipales, es que entre los árboles mutilados, constaban algunos patrimoniales, por su edad, según algunos alrededor de 80 años o por el tamaño alcanzado.

 

Se argumenta que la altura de los árboles constituía un peligro, frente a ello una opción podía ser el transplantarlos, el apuntalarlos, en fin, ver qué pueden hacer la técnica y la buena predisposición para dejar los árboles alimentar el espíritu y enriquecer el paisaje.

 

La verdad es que la Municipalidad está en deuda, parece que la avenida ya no fuera la misma, la mutilación se siente y afecta. Igual ocurre con diversos sitios de la ciudad, que van perdiendo su identidad, y semejando calles y avenidas de cualquier urbe en donde no se aman los árboles.

 

Este tipo de actuaciones es totalmente contradictorio, por un lado se prohíben las corridas de toros, alegando que los toros son seres vivos a los que se quiere proteger, y por otro, la mano no vacila para derribar árboles nobles que cumplen varias funciones al interior de una comunidad.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.